En el número 11 de la revista Triadae Magazine puedes leer la entrevista que realicé a la artista plástica Yolanda Tabanera. En esta primera entrada publico unos apuntes biográficos:


Apuntes biográficos.

Yolanda Tabanera nace en Madrid en 1965. Sus primeros recuerdos se centran en las narraciones que su bisabuela le transmite de una forma un tanto irreal, mezcla de magia e historia, sobre la guerra civil, sobre el pasado reciente. Esta relación familiar dejará una profunda huella en su interpretación narrativa de la realidad y en la formación de imágenes que se depositan como sedimentos emocionales en su memoria.

La periferia urbana, donde desarrolla sus juegos infantiles, se irá convirtiendo progresivamente en un paisaje familiar. Será en su adolescencia cuando se sienta atraída por la lectura y se infiltre el cine, especialmente el de Pier Paolo Pasolini, en su modo particular de observar e interpretar la realidad.

Un poco más tarde empezará sus estudios universitarios, concretamente los de filología alemana que abandonará en favor de los de Bellas Artes. Precisamente para completarlos se trasladará a la Kunstakademie, en la ciudad alemana de Múnich donde coincidirá con el artista Daniel Spoerri, que entonces era profesor en la institución. Aunque Yolanda está lejos, estéticamente, del movimiento Fluxus y del Nuevo realismo que practica Spoerri, sí reconoce la influencia que ejerció con su actitud artística, una actitud abierta, lúdica e integradora. También en esta ciudad alemana y en estos años de formación entra en contacto con la histórica galería Van de Loo, que trabaja con los artistas del grupo Cobra y con el español Antonio Saura, con quien más tarde colaboraría.

A finales de los años ochenta, e instalada ya en Madrid, conoce al pintor donostiarra Bonifacio Alfonso que transita por los terrenos surrealistas y expresionistas cercanos a los conceptos estéticos del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Ve en el artista vasco una independencia acérrima y la mezcla indisoluble entre arte y vida, ideales que adopta y practica. Ya con este bagaje, y entrados los años 90, empieza su actividad expositiva profesional. Conoce al pintor surrealista gallego Eugenio Granell con el que entabla una buena amistad y en cuya fundación, en la ciudad de Santiago de Compostela, hace su primera exposición individual de envergadura. A partir de este hecho comienza a exponer regularmente en diversas ciudades europeas como Madrid, Roma, Múnich, Valencia … e implementa su actividad artística con la docencia impartiendo talleres y conferencias. Actualmente vive y trabaja en Madrid.

A vista de pájaro.

Aunque muchos de los materiales con los que trabaja están tomados del arte popular como son el barro y la cerámica, el esparto o el vidrio, también utiliza el dibujo, la fotografía o las técnicas digitales para plasmar y expresar su cosmos creativo. Ha realizado también intervenciones públicas de grandes dimensiones e instalaciones para lugares específicos en museos y centros de arte de todo el mundo.

Todos estos materiales son las herramientas que utiliza para, y mediante un lenguaje propio, construir fragmentos de un mundo nuevo. Un mundo nuevo que nace, paradójicamente, de aquello perdido, olvidado o desechado, de un pasado que pocos quieren retener y conservar. Nuestra artista estudia y selecciona esos sedimentos para transformarlos y adaptarlos a sus intuiciones.

Tabanera trata, expone, mejor aún objetualiza sus preocupaciones espirituales: la relación del ser humano con su cuerpo y como aquel lo ignora. Las posibilidades orgánicas de nuevos cuerpos, sus formas. La carne como materia y parte indisoluble de nuestro ser. Las anatomías metafóricas y posibles de la mujer. La relación con las tradiciones ancestrales, el paisaje y la artesanía. La intuición y el sueño frente al raciocinio. El paso del tiempo y la deriva que se expresa en el fragmento, en la imposibilidad de completarse uno y entender el cosmos como una unidad. La mortalidad que provoca la implosión del tiempo. Lo ancestral como devenir posible: La recuperación de la memoria como elemento central para la construcción de nuestro próximo futuro, un futuro que, sin lugar a duda, plantea como orgánico.