«Este cuaderno reúne «Las escrituras del tío Bill» halladas y preparadas por Deadwax para el proyecto de escrituras asémicas. Cada página, única en cada uno de los ejemplares editados, ha sido contaminada, inficionada, descompuesta e infectada por los signos e infiltraciones de la escritura, la impresión y la trama, en las imágenes de un viejo álbum extirpado a una crónica del sometimiento colonial del continente negro. Lugar donde primero acudieron los pioneros que imaginamos ingenuos, como En busca de las fuentes del Nilo, luego llegaron los usurpadores de coronas, como en Las minas del Rey Salomón o El corazón de las tinieblas, y el final ya lo conocemos, miles de cuerpos hundidos en las aguas del mediterráneo, carne masacrada y minerales raros»

«Propongo la teoría de que un virus es una unidad muy pequeña de palabra e imagen. He sugerido ahora que esas unidades pueden activarse biológicamente para que actúen como tendencias comunicables del virus». La revolución electrónica.

«Bill en Tánger es un explorador más, solo que sus hallazgos conducen únicamente al abismo solipsista y a ninguna explotación sangrienta. Todo el curso de la epopeya tóxica se llevó a cabo desde la habitación de William Lee en el-Muniria de Tánger y no quedó rincón del continente que su mente no transitara. Pictogramas telepáticos. No hizo falta más. Sin artefacto ni detonación. Ni más diamantes ni cristal que las gotas de la hipodérmica o el semen perlando un pene»

«No recordamos como llegó el exterminador a nuestra mente, pero sí que su repercusión fue deslumbrante como los destellos de una máquina de sueños, y el destello hubo de durar eones, como antes el poeta adolescente y los Hassassin, en una biblioteca de cartón y moqueta polvorienta. Hieronymus Bosch es el nombre de la senda marcada y todavia no acaba de hoyar, y tras de si dejamos la envasadora número veinticinco con Benway y el respirador, el virus, almuerzos blandos, yonkis, tickets y maricas. Y ahí sigue» Deadwaxzine