No puedes depender de tus ojos cuando tu imaginación está desenfocada.
Mark Twain

Los dibujos que Jaime Rodríguez lleva realizando desde mediados de los años noventa se desarrollan y circulan por esa fina línea que separa lo objetivo de lo subjetivo, la esfera exterior de la interior, el consciente del inconsciente. Son dibujos que no pertenecen totalmente a una u otra esfera, sino que se contaminan (algunos más que otros) de los dos territorios. En los dibujos de Jaime se produce un fenómeno de ósmosis, de trasvase de elementos inconscientes al plano de lo consciente y viceversa. No surgen, no se crean en un compartimento estanco (bien sea el del inconsciente o el del consciente) sino que traspasan las finas membranas que delimitan las dos esferas. Bien es cierto que hay series que se manifiestan en uno de los dos planos y reciben pocas contaminaciones: así, algunos parecen que emergen del inconsciente, que brotan primigeniamente, con rabia y electricidad y se plasman incompletos en el papel. Otros, por el contrario, delimitan las imágenes y nos procuran una visibilidad objetiva de la escena. Pero, repito, casi nunca sus dibujos pertenecen completamente a uno u otro territorio, casi siempre están en tensión, en lucha consigo mismos.

> Un paseo por la esfera interior:

Del inconsciente surge una materia primera, un magma informe que se contrapone a la racionalidad superficial, a la piel de una realidad carente de sentido, alienante y deshumanizada. Los dibujos nacidos directamente del inconsciente no perfilan una imagen, sino que exhiben como es un estado libidinal, un estado primigenio de ebullición y formación. Sus dibujos del inconsciente pretenden mostrarnos como es algo en potencia antes de conformarse, de solidificarse en una cosa determinada. Solo el propio Jaime nos puede aclarar si estos dibujos son la antesala, el boceto, el ensayo de los que sí están perfilados, silueteados, definidos, de los que evocan la realidad. Los dibujos inconscientes son representaciones de ese magma indeterminado del que proceden, del que afloran.

En cierto modo, podemos interpretar que de esta esfera inconsciente, de este magma hirviendo, de esta realidad psíquica primigenia siempre en formación surgen los dibujos silueteados, los perfiles objetivos y la representación inestable de una realidad exterior.

> Un paseo por la esfera exterior:

El dibujo como un apunte de la realidad: la realidad es móvil e inestable y solo el apunte rápido, el silueteado nos proporciona una fugaz visión de la totalidad. Teniendo esto en cuenta, Jaime Rodríguez nos facilita la comprensión momentánea y destelleante de una cierta visión global de las cosas. Todo ello, evidentemente, comporta la consecuente pérdida: ya no somos capaces de observar, de captar los detalles, los matices.

Creo que los dibujos de Jaime nos ofrecen una visión fragmentaria que capta momentos e instantes concretos que suceden al unísono, simultáneamente. En cierto modo, sus dibujos son un Aleph que capta en un instante y sincrónicamente algunos de todos los sucesos, de todos los instantes posibles.

Podemos proponer, a modo de lectura, como cada dibujo, cada apunte es el resultado gráfico de unos momentos detenidos, congelados, como si de un nodo de un rizoma se tratara. Para comprender la totalidad de esa realidad psíquica deberíamos poder observar la totalidad de los rizomas, es decir de las imágenes (las que existen y vemos y las que todavía no hemos visualizado) y comprender las relaciones y jerarquías que se establecen entre ellas.

A veces la realidad que nos propone alguno de sus bocetos no está plenamente perfilada. Ha sido captada en pleno proceso de formación y antes de llegar a su fin, a su pleno desarrollo, se ha detenido. Para consolidar esa imagen, para mantenerla en el plano real y remarcar su existencia Jaime hila, perfila algunas siluetas con hilo de coser, como si quisiera mantener esa imagen fijada a la superficie. Borda una silueta para que no desaparezca, para que quede constancia de su presencia.

> Un paseo por la esfera social, The social brain:

En su última serie “The social brain” (que continúa en proceso), Jaime intenta plasmar la complejidad de las relaciones sociales, la confusión que provoca la sobreinformación de los medios de comunicación y, cómo no, su incredulidad y desconcierto ante la respuesta colectiva sobre determinados acontecimientos.

Es en la esfera social donde nuestro yo se sumerge totalmente en un líquido disolvente que nos diluye en la segunda persona del plural, en el nosotros. Por tanto, no es erróneo interpretar que en la esfera social domina un cerebro colectivo que se rige por unas normas implícitas que nadie en particular ha dictado. En esta esfera nos deshumanizamos y perdemos nuestra individualidad. En este territorio las imágenes y el ruido no nos dejan respirar, nos ahogan con su bombardeo incesante. Nuestra individualidad es absorbida por una multitud, por la cantidad. Nos dejamos arrastrar, como en el cuento de Poe, por ese río anónimo que no sabemos bien a dónde va y quién dirige. Como él mismo me comenta, en The social brain “se superponen las siluetas de imágenes de noticias diversas de los massmedia, en forma de collage… Se trata de la obsolescencia de las imágenes como reflejo de la obsolescencia mental humana.”

Observamos, pues, cómo en esta esfera domina el consciente sobre el inconsciente, cómo la simultaneidad de las imágenes no puede ofrecernos una clara visión de lo que ocurre realmente, cómo el artista apenas puede vislumbrar una realidad que es múltiple e inestable. En estos dibujos, aparecen algunas frases torpemente escritas, medio borradas, ilegibles como si alguien nos quisiera decir algo pero ese esfuerzo fuera vano, inútil.

Jaime Rodríguez, a modo de diario, nos muestra una continua dialéctica entre el individuo y el ente social, entre el yo y el nosotros, y su esfuerzo y su consciente fracaso es pretender plasmarlo, aprehenderlo aunque sea al vuelo, para intentar ofrecernos su perplejidad y desconcierto.