Desescribir es, básicamente, renunciar a la escritura como sistema original de creación. Desescribir primero, para luego releer, para luego reescribir. No hay que tener miedo a la página en blanco, como tampoco sufrir la angustia de las influencias. No existe la nada desde la que empezar un texto. Siempre se parte de algún lugar, de unos centros de detonación. Desescribir trata más bien de borrar, de escoger de entre todo aquello que se ofrece masivamente. La página no está en blanco; al contrario, está todo ella llena de escritura. Este texto abarrotado, lleno de escritos ajenos, es el caos primigenio, el motor primero desde el que reescribir lo que ya siempre ha estado escrito.

Desescritura consta de 2 secciones: «Textuales» donde se tachan, se plagian, se reescriben textos de otros autores, y «Asemia» que recoge colaboraciones, apuntes del doctor Benway y notas sobre la escritura asémica.

Si os apetece adentraros en «La Zona» de la escritura moderna podéis consultar el texto publicado por la Revista Procedimentum en su 1er Catálogo sobre poesía experimental del años 2020, y que también se encuentra en esta misma web: 1ª parte2ª parte.