Deadwaxzine es una publicación que se centra en el mundo de las imágenes, pero no para mostrárnoslas como si fueran un reflejo de la realidad, sino para intentar hablar con su propio lenguaje, con su propia gramática, en su propio territorio, a modo de ensayo visual. Deadwax es el espacio que queda en la matriz después del último surco que recorre la aguja de un tocadiscos sobre el disco antes de llegar al final, a la etiqueta. El factotum de esta empresa es Francisco Gálvez que utiliza un formato modesto como es el del popular fanzine para llevar a cabo sus proyectos. Cada número de Deadwaxzine contiene un universo cerrado, una propuesta autónoma y una cierta tensión con el lenguaje escrito. Con una mirada atenta a ese espacio que habitualmente ignoramos se pueden descubrir pequeños mensajes que los prensadores, los fabricantes del vinilos o incluso los propios grupos ponen allí, muchas veces en forma de broma críptica que suele pasar desapercibida hasta para los aficionados más atentos. Hasta ahora Francisco Gálvez ha publicado 10 números que podéis visualizar en su web.

He visto que en tu web no hay información personal y que tampoco hay ninguna declaración sobre los fundamentos y el enfoque de tu trabajo. Nos podrías explicar un poco por qué empezaste a publicar Deadwax y qué pretendías con ello. Dicho de otra forma, ¿cuáles son tus planteamientos, tus intereses a la hora de realizar el fanzine?

En efecto, en la web no hay mucha información sobre el proyecto, ni sobre su autor. Podría decir que es una parte del mismo que aún está en construcción, pero lo cierto es que es un accesorio del que no me he preocupado mucho. Tal vez porque el planteamiento de las publicaciones de Deadwax requieren del hecho mismo de pasar las páginas, y esto hace que sea difícil desligarlo de la cosa material. Ahora uno de los retos que me planteo, como extensión del proyecto, es pasar al formato expositivo y aún no sé cómo llevarlo a cabo, como terminar de concretar esa opción.
La web, un micro espacio de Tumblr, surgió puntualmente como necesidad de tener un soporte en la red que sirviese de referente y contacto.
Creo que la motivación inicial viene de algo que leí donde se citaba un texto de W.J.T. Mitchell, que para mí ha resultado fundamental, “hablar de las imágenes en su propio lenguaje”. Básicamente se refiere a dejar de lado el modelo de interpretación lingüístico que propone la semiótica para centrarnos en aquello que la imagen tiene como algo propio, sus propias normas, con lo que ello sea y el reto que en definitiva supone, pues el objeto de estudio, la imagen, es en sí mismo un límite, es difícil de acotar. Otra motivación o inquietud que podría sumarse viene de enfrentarme con la propuesta novelística de W.G. Sebald, – te hablo de Sebald, pero podríamos encontrar muchos otros ejemplos de esto mismo-; casi todas sus obras contienen imágenes al hilo de su desarrollo narrativo. Y ninguno de los comentaristas de su obra, al menos que yo conozca, se detiene a analizar este hecho, lo pasan por alto, arguyendo que son meras ilustraciones, cuando, en mi opinión al menos, creo que juegan un papel importante en el sentido de abrir otros canales de interpretación del texto.

¿Has conseguido tus objetivos iniciales, si es que los había a priori?

El único objetivo definido, hasta ahora, ha sido el de mantener la periodicidad, que los fanzines aparecieran siempre en las mismas fechas, cada seis meses. Aunque podría añadir que sí he mantenido una premisa, la de evitar la repetición, entrar en un bucle estéril solo por el hecho de seguir con el proyecto, sin ver que estaba repitiendo la misma jugada.

¿El fanzine como formato? ¿El fanzine como necesidad?

Probablemente ambas cosas a un tiempo. No tengo una deliberada vocación underground pero me conformo con llegar a unas cuantas personas afines a través de este proyecto. En ningún caso me he planteado buscar una salida más masiva, de mayor alcance por mi parte, pero si me ofrecen publicar algo así, con una distribución normalizada indudablemente lo haría, es algo que me hace ilusión. El fanzine me da la oportunidad de hacer lo que quiero, aunque tampoco está exento de asumir la responsabilidad de que quien lo recibe se encuentre con algo medianamente bien hecho y bien planteado.

¿Provienes del ámbito de lo visual?

Sí, hice Bellas artes y me he dedicado al diseño gráfico profesionalmente. Ahora doy clases de diseño gráfico y técnicas de impresión y continúo desarrollando mis proyectos de carácter artístico de manera esporádica.

Al leer tus zines advierto en un texto … “la idea motriz es la de ensayo visual, al menos inicialmente, es decir hablar en el lenguaje de las imágenes. La publicación ha ido evolucionando hacia algo, quizás, más complejo, más de pensar en/con las imágenes, de entender nuestra relación con ellas”.
Pensar en/con imágenes, entender nuestra relación con ellas resultar bastante difícil de conceptualizar, al menos para mí. El lenguaje escrito es una abstracción de la realidad, sin embargo las imágenes quieren ser una copia de la realidad pero una realidad a la que le falta el comentario, el pie de letra. No sabría utilizar las imágenes como un lenguaje … sin embargo dicen que “una imagen vale más que mil palabras”. ¿Cómo te desenvuelves en esa paradoja?

Sin abundar en explicaciones que requerirían más espacio y probablemente más tiempo por parte del lector de estas líneas, debemos tener en cuenta que la imagen es más que la imagen fotográfica, e incluso en este mismo caso, la fotografía es algo más que copia de la realidad, una realidad en sí misma y cuanto más en esta época digital que ha acabado por poner en entredicho incluso esa ‘promesa de verdad’ en tanto que reflejo del mundo ‘real’.
Creo que si bien es cierto que las más de las veces necesitamos del pie de foto como prótesis, como ayuda externa, la imagen es autónoma, tiene sus propias normas, una manera de construirse diferente del lenguaje, indistintamente de que su sentido pueda verse comprometido en función del contexto. No quiero decir que ésta conforme un lenguaje espontáneo pero sí que forman signos conjugables, y aquí podemos encontrar dos enfoques, uno puramente formalista y otro que se centra en el significado, que es el que a mí me parece más interesante. Tomando esa línea en el sentido de Aby Warburg, que quería descubrir los gestos de la antigüedad clásica en las imágenes publicitarias de su época. Para mí, las imágenes desarrollan una genealogía, patrones intemporales que se hayan presentes.

El lenguaje es el culmen del raciocinio. Las palabras definen las propias palabras. Las imágenes, que pueden exponer unos hechos, incluso narrarlos más o menos ambiguamente, son para ti exactas, es decir ¿puedes conseguir con ellas lo que pretendes explicar?
¿O por el contrario no se trata de explicar nada, quizá de sugerir, de introducir al espectador en una constelación subjetiva de imágenes que le invadan para intentar situarlo en el mismo contexto del autor?

La naturaleza de la imagen es polisémica y en este sentido, se torna escurridiza del mismo modo que pueda serlo el lenguaje, que tampoco creo que sea unívoco. Si antes decía que nuestra época digital nos hacía desconfiar del espectro real de la imagen, con el lenguaje sucede lo mismo. Habitamos un tiempo de neolenguas, de escaramuzas verbales en el terreno político. Recuerdo haber leído a William Burroughs contar que el instigador, su revulsivo, a la hora de poner patas arriba la literatura fue su amigo Brion Gysin al echarle en cara que el lenguaje literario estaba a años luz del alcance de otras artes como la pintura a la hora de revelar o crear otras realidades. Quiero decir que el lenguaje tanto en su uso más pragmático como en la creación literaria sufre de los mismos contratiempos respecto de su interpretabilidad. Entender la imagen también requiere de una alfabetización. Pienso ahora que, para mucha gente, leer a Samuel Beckett, Thomas Bernhard, el Finnegans wake de Joyce o al propio Burroughs y entenderlos, por señalar algunos ejemplos, también acarrea un problema de legibilidad.

¿Un espacio de imágenes, un discurso de imágenes como el tuyo puede leerse de una forma meramente contemplativa?

Espero que sí. Contemplativa y distraída incluso. Habrá quien pasee los ojos por sus páginas y no se sienta interpelado. Si hay algo realmente complicado hoy día es lograr que alguien se fije en las imágenes que difundimos, sobre todo en las propias.

Quizá, en un principio, las imágenes fueron instrumentos mágicos, con una función ritual. Ahora, en la modernidad han perdido esa característica para ser instrumentos de, permíteme el atrevimiento, infección. Las imágenes (también cómo no, las palabras) nos infectan, propagan la infección de un cierto tipo de lenguaje y de ideología ¿Utilizas las imágenes como objetos carentes de aura?

Como ya planteó Benjamin en su célebre y archicitado ensayo sobre la obra de arte, la reproducción mecánica vacía de su contenido aurático a la imagen, pero sin embargo se democratiza el conocimiento a través de los medios de masas y se potencia su capacidad política. Dicho de manera un tanto simplificadora. La reproducción masiva trae consigo también la banalización y desacralización de la imagen, entre otras cosas como efecto de su mercantilización. Burroughs, al que citaba anteriormente, concebía el lenguaje como virus, algo a combatir y exterminar, porque este no era sino el vehículo de normativización social por excelencia, el lenguaje del poder. Pero no es por nada de esto por lo que Deadwax podría pasar por un ejercicio iconoclasta, sino que en el uso o la distribución de las imágenes que hago, se tiende a igualarlas, se unifican bajo un criterio más o menos homogéneo y no solo formal, como estrategia.

La imagen reproducida tiene textura, tiene un cierto volumen, está detenida en el tiempo, carece de tiempo, está tramada por su propia constitución como elemento reproducido. La imagen que observamos directamente con nuestro ojos de algo no reproducido por medios mecánicos (en papel o en pantalla) tiene otras características y además sucede en otro tiempo, un tiempo que no se puede detener y que solo existe en el recuerdo de esa imagen. La realidad sucede, la imagen se capta. ¿El recuerdo de las imágenes son las reproducciones mentales de las imágenes? Pueden existir, sin embargo, imágenes que no estén sustentadas por la memoria y que estén exentas de realidad. ¿Podría ser el caso de las imágenes sintéticas o virtuales, que no reproducen ninguna realidad, sino que la constituyen?

Esto que me preguntas es muy interesante. Cuando soñamos nuestra mente elabora algo que experimentamos como nuevo, algo que no es sino la reelaboración de retazos de memoria. Creo que es lo mismo que sucede con los Deja vu, percepciones parciales de la realidad que nuestra mente reconstruye como completas. El “recuerdo de las imágenes” al que te refieres en tu pregunta, será una reproducción mental de las imágenes vividas por nosotros como sujetos y que hemos construido como imágenes, del mismo modo que elaboramos nuestros recuerdos en tanto que los evocamos una y otra vez incorporando cosas que inventamos o bien transformamos en tanto que nos detenemos en un detalle u otro. Es como oír contar la misma historia a una persona en momentos diferentes, siempre hay un aporte novedoso. Creo que con nuestras imágenes mentales conscientes sucede algo parecido. No es que sean falsas o carezcan de realidad, es que nosotros como sujetos generamos esa realidad no objetivable. La imagen de síntesis o virtual, indistintamente de cómo se haya obtenido, siempre tiene un sustrato de realidad. Es la misma cuestión que suscitó en su momento la pintura abstracta con respecto a los debates acerca de la representación. Por muy lejos que estuviese de la realidad formal, fenoménica, aunque solo fuese por el soporte matérico que la sustentaba, esta constituía una realidad autónoma, imágenes nuevas y vivas.